—¿Marina? —dijo Giovanni, con un tono frío que dejaba claro su descontento—. ¿Estás bien?
—Sí, Giovanni, estoy bien —respondió Marina, aunque podía percibirse la inquietud en su voz—. Solo me preocupa Kathia. No sé qué está pasando exactamente…
Kathia se sintió atrapada, su amiga preocupada por ella y su esposo, que parecía molesto.
—Marina, lamento que hayas ido a esa casa. No debiste hacerlo. No hay razón para que te expongas a esto —dijo Giovanni, su voz autoritaria.
—Yo solo quería