Mundo ficciónIniciar sesiónMe había puesto un vestido rojo, lo describiría como ni muy apretado ni muy suelto, se ajustaba perfectamente a las curvas de mi cuerpo, genética que había heredado de mi madre y que me ocupaba de mantener. Bajo a la cocina para avisarle a Roberta que ya me iría.
—¿Ya te vas? —pregunta cuando me ve lista, yo asiento—. ¿No comerás? —
—Ya comí —digo, ella mueve las cejas de arriba a







