Estaban detrás de ella, no podía verlos, pero a medida que su cuerpo se iba limpiando, iba viendo todo con más claridad.
—¿Ya sabes cuánto vamos a pedir? —inquirió de nuevo el hombre.
—Suficiente como para salir del atolladero, pero no mucho, para que puedan reunirlo rápido. No queremos que el vie