Nina respiró profundamente y se aguantó la carretilla de palabrotas que quería soltarle.
—Necesito ver al señor Lieberman —declaró.
—¿Tiene cita? —preguntó Lynn sin inmutarse.
—No, pero si le dice que estoy aquí…
—Eso no funciona en este despacho —replicó la abogada y Nina la miró a los ojos, es