—¡Soy yo! —susurró Jake encendiendo la luz antes de apretarla contra una de las estanterías y perderse en su boca. No se le había podido acercar en toda la mañana y se estaba volviendo loco.
—¡Jake, me vas a matar del corazón!
—Así ya estoy yo, no pasa nada —respondió él con un puchero volviendo a