—Pues para empezar ya estamos muy grandes, no somos adoptables… —empezó Caleb, pero su hermano lo interrumpió.
—¡No digas eso! Tú sí eres adoptable, eres muy inteligente, muchas familias te quieren…
—¡Y yo no me quiero ir con ninguna! —replicó su hermano—. ¡Y tú también eres adoptable, solo que el