Nina achicó los ojos y cruzó los brazos, mientras se contoneaba y en su cabeza ya estaba urdiendo el primer contraataque.
—Pues sepa, señor Lieberman, que si no retira inmediatamente su decisión de hacer una monstruosidad como esa, ¡lo voy a hacer llorar! —lo amenazó.
—Palabras… palabras…
Por tod