La mujer tomó la tablilla que estaba en el cajoncito de la puerta y buscó su última página.
—Aquí dice que su hijo vino un par de veces…
—¿Jacob Lieberman?
—Sí ese, pero ella se negó a recibirlo —añadió la doctora.
—¿Alguien más? —insistió Katerina.
—Últimamente ha venido a verla un señor ya ma