—¡No jodas, de verdad tiene pestañitas! —se burló, pero aunque la boca de Jake sonrió sus ojos no lo hicieron.
Nina suspiró, tomó otro pastelito y se lo metió en la boca a él mientras lo agarraba por el cinturón y lo arrastraba hacia el baño.
—No sé cómo le haces, Lieberman, pero tienes una capaci