—Acabamos de perder —murmuró Santi con un suspiro.
—¿¡Estás loco!? ¡Yuri lo está destrozando! —exclamó anonadada.
—No, cariño, el Diablo solo lo está midiendo —respondió.
Nina miró la pelea y se fijó en Darío. Tenía la mirada perdida, como si estuviera en cualquier otro lugar menos allí, como si