—Señor Lieberman —lo saludó el abogado con cierto embarazo.
—Señor Anderson, ¿cómo puedo ayudarlo?
—Pues… la verdad, en nada. Me temo que hubo una confusión… Me dijeron que el señor Lieberman iba a estar hoy en la empresa y pensé que era su padre, así que vine a confirmarle el cambio en unos docum