Sus orejas estaban adornadas por unos bonitos aretes de plata largos que, junto con el perfecto recogido de su pelo y los detalles negros y plateados del maquillaje que rodeaba sus enormes orbes esmeraldas, hacían que los perfiles de su perfecta cara fueran más felinos.
Vestía con un estilo casual y elegante, con un punto de rebeldía que tanto les gustaba a los hombres.
—De… nada —respondieron los dos a la vez, un poco idos y embobados.
Los dos se volvieron a mirar, molestos por haber contesta