Es sábado por la tarde y en vez de estar en mi habitación estudiando para el exámen del dis lunes, solo dejo que Brenda me sostenga del brazo y me arrastre de una tienda a otra. Ya no puedo con mis pies, así que me suelto de su agarre y me siento en la silla más cercana.
—¿Pero que demonios haces? —me regaña.
—Pues sentarme, ¿o es que no me estás viendo? —le respondo de mal humor.