* * * * * * * * Leo * * * * * * * * * *
—Creo que ya debo irme —precisa la mujer cuando hemos logrado calmar nuestras escandalosas risas.
—Ah… sí, claro —susurro al seguir mirándola; y ella sonríe.
«Hermosa sonrisa», pienso de repente y, de forma involuntaria, sonrío también.
—Ah…, ¿dónde podría cambiarme? —me pregunta al hacer un gesto un poco extraño (como si estuviese apenada y divertida a la vez). No sabía cómo describir sus gesticulaciones; eran bastante extrañas, pero… pero le quedaban mu