Punto de vista de Jason
—¡Eres un debilucho patético! —La voz retumbó, haciendo eco en el despacho.
Mi padre se erguía en el centro, con los hombros rígidos. La pesada mesa de roble crujió bajo el agarre de sus garras al hundirse en la madera pulida.
Se me hizo un nudo en la garganta. Cada instinto me gritaba que bajara la cabeza, que me encogiera, pero me obligué a mantener la barbilla en alto. Me sudaban las palmas de las manos y el corazón me latía tan fuerte que creí que podría escucharlo.