Punto de vista de Talia
Un golpe seco sacudió la puerta, y gruñí al abrir los ojos. Por fin había logrado dormirme hacía unas horas. Volví a apoyar la cabeza en la almohada, con la esperanza de que quienquiera que estuviera llamando se marchara.
Luego, sonaron un par de golpes más. Antes de que pudiera sentarme, la puerta crujió al abrirse y Della entró con una taza de té humeante en las manos. Cerró enseguida a su espalda.
—Levántate —dijo—. No te gustará lo que te diré.
Bostecé y me desperecé