77. Sé que no quieres a nuestro bebé
Hanna
Jason sale del despacho de su padre casi una hora después de haber entrado, por sus ojos enrojecidos y lo apretada que trae la quijada puedo deducir que las cosas no están para nada bien.
Su madre, quien había permanecido en silencio a mi lado, más recta que una varilla, se pone en pie al verlo y camina a paso acelerado hasta que llega donde él y lo toma del rostro. Creo que esta es la primera vez que veo un gesto maternal de su parte, por lo que decido quedarme sabiamente callada.
—¿Es