Una chica diferente
Una chica diferente
Por: Alexandra Figueroa
Capítulo Uno.

Prólogo 

Después de dejar mi vida en Seattle junto a Galilea, la idea de mi siendo feliz abandonó mi mente. Pues a pesar de que yo la amaba con tanta fuerza, tuve que renunciar a mis sentimientos para que ella fuera feliz con el hombre que realmente amaba, Ashton. 

No diré que no creo en el amor, pero si me dieran a elegir entre creer en el hada de los dientes y el amor para toda la vida, sin dudarlo elegiría al hada de los dientes... ¿Por qué? Por que por lo menos ella mantiene a muchos aún ilusionados, aunque en su totalidad niños.

Digamos que ya tuve suficiente tiempo para sufrir y a pesar de tener a alguien a mi lado me siga sintiendo solo. 

Quien dijo que el amor era eterno...¡Mintió!

Amé sin ser correspondido, pero no me arrepiento. Ella merecía ser feliz aunque no a mi lado. 

Es increíble lo que un hombre enamorado es capaz de hacer por la mujer que pone su mundo de cabeza. 

Yo tuve que sacrificar un gran amor, ese que sentía por Galilea.

***

Después de ver como Galilea era feliz al lado de Ashton no me quedó más que alejarme definitivamente de su vida. Ella y él merecen vivir juntos.

De regreso a Colombia analizo todos los meses que pasé a su lado, en realidad aprendí a amarla de una manera distinta. Nunca le pedí nada a cambio y lo hice aún sabiendo que ella nunca iba a corresponder ese amor.

Decidí regresar a Colombia para tratar de olvidarla y quizás volverme a enamorar de alguien que si me corresponda. Nunca creí que me dolería tanto alejarme de ella. 

Indirectamente estuve al pendiente de su vida, hasta que simplemente ya no pude más.

Años después conocí a Mabel, una chica linda nacida en Colombia, hermosa a decir verdad y con gustos muy similares a los míos. H**o química instantánea. Fuimos compatibles y después de dos años de conocernos nos casamos y vivímos veinte años felices, éramos la pareja perfecta ante los ojos de mi familia y de la suya, hasta que un día todo se fue a la b****a. Por fortuna o no, Mabel se negó a tener hijos, era una mujer tan diferente que nunca creí que fuese tan superficial como para no tener hijos porque no quería arruinar su vida. En fin, el divorcio era algo predecible cuando ella hizo esa pregunta.

—¿Dime por qué ya no estas en casa Jared? ¿Hay alguien más? –cuestiona con los ojos llorosos. 

—No Mabel, no hay nadie más.

—¿Entonces? 

—No entiendo tu reclamo, no estoy haciendo nada malo, nunca te he dado motivos para que dudes de mi. 

—¿Me amas aún Jared?

Me mantengo en silencio, sé que no la amo ya, o tal vez si, quizás sólo sea... costumbre.

—¿Jared?

—No eres la misma Mabel, hace veinte años me casé contigo completamente enamorado, pero ahora... ahora no sé que pensar. 

—¿Es porqué no quiero tener hijos?

—En parte lo es Mabel, yo siempre deseé tener hijos, ahora la vida se me está yendo y tú... No quieres formar una familia y supongo que debo aceptar esa decisión pero no es lo que yo deseo. 

—¿Acaso no lo ves? Un hijo nos mantendría inmersos en el, en casa, y yo no quiero eso para mi. Me gusta la libertad que poseo, no renunciaré a ella. Aún no es tiempo, hay mucho más allá afuera que criar bebés.

—¡Tengo cuarenta años Mabel! A este paso moriré solo. ¿Eso quieres en la vida? ¿Vivir en soledad, rodeada de gatos en vez de bebés?

Ella cierra los ojos con fuerza y suspira  confesando la verdadera razón del por qué me ha negado la dicha de ser padre. 

—No quiero arruinar mi cuerpo Jared, podemos adoptar a un niño marginal si lo deseas, piénsalo, haríamos felices a más de uno sin necesidad de sacrificarme.

Niego con la cabeza sintiendo como la mujer de la que me enamoré va desapareciendo ante mis ojos. 

—No Mabel, quiero saber que se siente ser padre, ver como crece, sentirlo en el vientre de su madre, sé que adoptar seria una opción muy bonita pero no quiero perderme la oportunidad de saber que se siente. Los papeles del divorcio llegarán en cuanto antes, por favor, firmalos. 

No tenía opción, no quería seguir con esta vida que más que aburrida era deprimente.

... En el presente; Jared. 

—¿Recordando viejos tiempos? –cuestiona mi amigo haciendo que vuelva a presente. 

—Algo de eso. –respondo restandole importancia. 

—Deberías salir y conocer chicas.

—¿Y qué Mabel me haga un drama como el de la última vez? ¡Paso! Solo me dejó en ridículo. 

—Jared no puedes quedarte ahí recordando a Galilea o la misma Mabel, debes salir, allá afuera hay mujeres que esperan por ti. Ve y conquista mujeres.

—¿Acaso no te das cuenta de mi edad? No tengo veinte años Gabriel, soy un viejo.

—Muchas mujeres matarían por ti.

—Mujeres que no me interesan.

—¡Ni siquiera las conoces!

—Seguramente serán como esas mujeres con las que sueles andar. Esas que se enamoran y el amor les dura un par de semanas nada más.

Yo quiero vivir una vida tranquila, tener una familia, sentirme amado, quiero tener hijos Gabriel, ¿Estoy pidiendo mucho?

—Estás pidiendo algo que muchas mujeres dejaron en el pasado, ahora no todas quieren tener hijos, ya ves Anne, se esta volviendo loca con el pequeño y dice que no quiere otro.

—Cierto, pero yo quiero tener hijos, Anabell los tiene, Noely y Paula, incluso las trillizas ya estan casadas y con hijos, mi madre cree que soy... raro por no tener hijos.

—Eso es porque nunca le dijiste que Mabel se negó a tenerlos. A pesar de ser una muñeca endemoniada tú la sigues presentando como un ángel.

—No quiero dañar la imagen de Mabel ante mi madre.

—Jane no es tonta Jared, ella se da cuenta de muchas cosas aunque no te lo haga saber.

Por mucho que quiera negarlo, él tiene razón, mi madre ya debió darse cuenta de que Mabel no es tan buena. 

—Vamos a esa junta, –anuncio acomodando mi saco–, no perdamos tiempo. 

—Deberías buscar chicas en Face.book. 

—Gabriel, la respuesta es no. 

—No tienes idea de cuantas mujeres hay ahí.

—No necesito eso.

—Puedes conocer chicas lindas, maduras, rubias, morenas, pelirrojas...

Instantáneamente recuerdo a Galilea. ¿Será que ella aún es feliz? Creo que la respuesta es tan obvia. 

—Deberías intentarlo, ayer conocí a una chica increíble.

—Deberías mejor buscar una mujer que te haga sentar cabeza.

—¿Y qué me trate como Anne trata a mi cuñado? ¡Paso amigo! Eso de andar con formalidades no va conmigo.

—Eso lo sé de sobra.

Gabriel y yo caminamos hasta el inmenso salon de juntas para reunirnos con unos empresarios que quieren negociar la construcción de sus edificios en Dubai, el negocio es muy bueno y no quiero hacerlos esperar. 

Medito las palabras de mi amigo, ¿Buscar chicas en re.des soci.ales? ¡Que va! Eso es de adolescentes. Ya me veo a mi abriendo una cuenta de Face.book a mi edad. Estoy mejor solo.

—¿Hasta cuándo Jared? He visto a tus hermanas hacer su vida, ¿Y tú? ¡Te has divorciado! 

—Yo no lo planee madre, sólo sucedió

—¡Entiende que ya no eres un crío! ¿Te quedarás solo? Yo no quiero eso para ti, hijo.

—No me quedaré solo madre, tengo a mi familia.

—Sabes a lo que me refiero, quiero verte feliz.

—¿Que tal están Anabell y Paula?

—Bien, pero ni creas que el tema quedo olvidado Jared. Quiero que seas feliz.

Niego con la cabeza, esa madre mia no deja pasar nada.  Aunque no quiera admitirlo frente a ella, yo también deseo ser feliz, pero sé que a mi edad es imposible. 

Quizás Gabriel tenga razón y debería buscar... no, no, no. Ya parece que voy a andar buscando chicas. No, no y no.

**DAFNE**

—No, no y no, ¿cuándo van a entender que no necesito eso?

—Anímate Dafne, nosotras sólo queremos que estes bien.

—Estoy perfectamente bien, ustedes son las locas.

—Salgamos esta noche ¿Quieres?

—Tengo muchas cosas que hacer, además mi madre me castigó.

—¡Ya no tienes diez años! -dice Nelly lloriqueando.

—No, pero tengo veinte y según mi madre...

—No te mandas sola. –terminan mis amigas por mi. 

—Exacto, así que, vayan sin mi, diviértanse. 

—¿Segura que no quieres que nos quedemos? –cuestiona Aída.

—Estoy segura Aída, vayan.

Ambas asienten y se despiden de mi, enciendo la televisión y pongo el canal de vídeos musicales, me pongo una pijama cómoda y caliente, peino mi cabello y lo ato en una trenza.

Me meto a la cama y cambio sin parar una y otra vez los canales, mamá abre la puerta de mi habitación sobresaltandome. 

—Ni se te ocurra salir mientras estoy de guardia Dafne. –señala con su inconfundible tono mandón.

—No mamá. –respondo molesta.

—Es por tu bien, hoy en día hay muchos secuestros, ¿Qué diría tu padre si llega a casa un día y no te encuentra?

—Él ya no volverá, no sé porque sigues creyendo en eso.

—Tu padre volverá, lo sé, lo siento. Y tú no deberías pensar lo contrario. 

—Lo has sentido por cinco años, y no hay señales de él.

—Debemos tener fé.

—No mamá, ya fue mucho, no regresará y lo sabes, pero lo utilizas como amenaza para no dejarme vivir la vida.

—¡Eso que tú quieres no es vida Dafne! Salir de noche con ese par de amiguitas no es vida. Eso es libertinaje. Salir de noche sola a un lugar dónde hay hombres con falsas intenciones, eso es ponerse en riesgo.

—Eres una aburrida, desde que papá se fue no has sido nada mas que eso, aburrida y amargada y si sigues así terminaré siendo igual que tú. 

–respondo antes de siquiera darme cuenta de lo que he dicho. 

Veo la sorpresa de mamá en sus ojos, me he sobrepasado con mis palabras.

—Espero que algún día sí seas como yo, que te preocupes por tus futuros hijos, y que les enseñes lo que yo a ti. 

»El día de mañana te darás cuenta de que todo lo hacía por tu bien, no olvides que yo también tuve tu edad, y tenía las mismas inquietudes que tú. También quería adueñarme del mundo junto a mis amigas, y lo hice, de la manera correcta, sabiamente, sin ponerme en riesgos innecesarios, siempre apoyada de mi madre, guiada por sus consejos, que hasta el día de hoy, me han funcionado. Yo no creía que mi madre fuese aburrida o amargada, yo siempre supe que ella era una mujer sabia y así fue.

Mi madre sale de mi habitación y de nuevo ha conseguido hacerme entrar en razón, no sé porqué a veces me sucede esto, tal vez por que muy en el fondo yo también espero que papá aparezca después de cinco años. Me hace falta y mientras más pasan los días menos fé poseo.

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