Parte 2...
Cada vez que entraba en mí me convencía de que hacía bien en esperar a alguien como él, aunque tenía miedo de ceder y luego arrepentirme. Se me hizo un nudo en el estómago y sentí una punzada aguda en la ingle, advirtiéndome que estaba lista para ir al cielo otra vez. Continuó empujando y mis gemidos aumentaron con sus movimientos. Y ha llegado mi hora. Di un pequeño grito de placer y él me apretó, acercándome a él, gimiendo y golpeando más fuerte. Cuando llegó, se agarró al borde de