Golpeó más hondo que la pérdida de su empresa. Más hondo que la humillación en el restaurante. Más hondo que la indiferencia de Daniela.
Su pecho se contrajo dolorosamente.
“Lucià,” susurró, dando un paso adelante. “Por favor. Solo escúchame. Aún podemos—”
“No.”
Ella levantó la mano, la palma hacia