Capítulo 86
El aroma de hierbas finas, ajo confitado y carne asada llenaba toda el ala sur de la mansión. En la cocina amplia y moderna, el cocinero dirigía los preparativos con mano firme. A su lado, Lúcia, la auxiliar brasileña, probaba la salsa con una cuchara de madera, moviendo las caderas al ritmo de una música baja que sonaba en el celular.
—Antoine, ¡esta salsa está divina! —exclamó Lúcia con su marcado acento—. Pero creo que le falta un poquito de pimienta. El señor Leon le gusta bien