Las bases de las orejas de Jane ardieron de inmediato. La respiración del hombre estaba demasiado cerca y demasiado clara, soplando directamente en su oído. No podía ignorarlo a él aunque quisiera.
“Por favor, suélteme, señor”, ella dijo.
Lo que ella no esperaba era que el hombre no se soltó y tampoco retrocedió en lo absoluto. En cambio, bromeó con ella diciendo de manera extremadamente sugerente, “Claro que sí.”
Con eso, soltó su agarre... solo para pellizcarle la oreja con coqueteos.
Jan