“Yo...” Jane abrió la boca para declinar instintivamente. En esa oscuridad, los labios de Sean se curvaron...
Lo sabía, sabía que la orgullosa señorita Dunn no sería capaz de renunciar a su dignidad y tomar este insulto acostada.
“Me quedo con todo este dinero si lo recojo en un minuto, ¿dices? Y me darás otros cincuenta mil también, ¿verdad?
Jane no pudo continuar lo que quería decir después de ese “yo” inicial. La escena ante sus ojos regresó a esa prisión oscura y a esa niña tonta, la única q