ALFA MARCUS;
Amara y Escarlata decían cosas extrañas que no entendía. Era como si ambas estuvieran jugando con mi mente a propósito. Podía encontrar excusas para Escarlata, pero Amara era una cachorra. ¿Por qué alguien intentaría usar a una niña para sus propios fines?
Todo empezó cuando Amara me susurró algo al oído. No esperaba nada dramático, y al principio, no lo fue.
—Estás mintiendo sobre tu mano porque no quieres que mamá te grite —susurró.
Ambas nos reímos mientras ella ponía su pequeña