CAPÍTULO 2

Lachlan Kensington, el director ejecutivo de Marvel Comfort, una empresa inmobiliaria en pleno auge en Australia, y el legítimo heredero de FEM Enterprise, uno de los tres conglomerados más importantes del país.

A pesar de haberlo tenido todo en bandeja de plata desde su nacimiento, dejó el seno familiar para hacerse un nombre por cuenta propia al frente de Marvel Comfort.

Era uno de los multimillonarios más jóvenes de Australia, célebre por su indiferencia y su arrogancia.

Su orgullo de joven magnate era su coraza. Aunque recibía dardos de sus detractores por todas las ciudades, también despertaba el interés de otros conglomerados que buscaban concertar un matrimonio con él, el suspiro de varias admiradoras y la admiración de jóvenes empresarios que anhelaban formar parte de su círculo.

Sin embargo, su personalidad egoísta lo había distanciado de las relaciones personales, y hasta el momento, ese estilo de vida le sentaba de maravilla.

De regreso de un viaje de negocios en New Zealand, disfrutaba del paisaje mientras su embarcación surcaba las aguas.

Observaba a través de sus binoculares cuando divisó a alguien arrojándose al mar.

—¡Alto! ¡Alto! ¡Detengan el barco! —gritó. James, su mano derecha, corrió hacia él de inmediato, seguido por su médico y el equipo de rescate.

—Señor, ¿qué ocurrió? —preguntó James.

—Alguien saltó al mar. Tenemos que salvarla.

—Señor... —titubeó James.

Lachlan lo ignoró, entró a toda prisa por su chaleco salvavidas y se lanzó al océano antes de que pudieran reaccionar.

—¡Mr. Kensington! —gritaron todos a coro.

—¿Qué esperan? ¡Vayan por él! —ordenó James a los gritos.

El equipo de rescate se equipó con sus chalecos y se desplegó por el agua hasta poner a salvo a la joven y a Lachlan, llevándolos de vuelta a bordo.

El médico los atendió de inmediato mientras James le entregaba a Lachlan una taza de café para reconfortarlo.

—Señor, debía haber esperado a que el equipo de rescate hiciera su trabajo.

—¿Ahora cuestionas mis decisiones?

—No era esa mi intención. Mi deber es protegerlo y...

—¡Suficiente! Concéntrate en tu labor como director general —lo interrumpió tajante, y James guardó compostura.

—Señor, necesito tomarle el pulso —intervino el médico.

—No. Estoy bien. ¿Cómo está la dama?

—Su pulso es estable, pero continúa inconsciente. Solo queda esperar a que despierte.

—Bien. Manténganla bajo observación.

—Señor, el presidente está en la línea —anunció James. Lachlan le hizo una seña para que rechazara la llamada—. Señor, acaba de enviar un mensaje... un video —murmuró.

Antes de que Lachlan pudiera apartarlo, el video comenzó a reproducirse.

¡Lachlan! La hija de Ray World regresa hoy. Ya programé una cita a ciegas para ti con ella. ¡Preséntate aquí de inmediato! Con esa orden, la grabación se cortó.

—¿No es esa la cita a ciegas número 70? —rezongó James.

—En cuanto regrese, me van a saturar la agenda con citas a ciegas —murmuró.

—Señor, Ms. Venessa está en la línea —dijo James, y el rostro de Lachlan se iluminó.

Podía carecer de amigos, pero contar con la compañía de Venessa era la excepción a la regla. Eran mejores amigos desde la infancia, sin ataduras sentimentales.

Tomó el teléfono y ella cambió la comunicación a videollamada.

¡Holiiii! chilló ella, haciéndolo cubrirse el oído.

¿Quieres dejarme sordo? ¡No grites así por el teléfono!

¡Tu abuelo me llamó y me amenazó!

¿Te llamó a ti? Vaya...

¿Es todo lo que vas a decir? ¡Amenazó con anunciar nuestro matrimonio si no te casas con Miranda!

¿La hija de Ray World? ¿Cómo sabes su nombre de pila? ¿Acaso son amigas?

¿Es que no sabes quién es? Fue tu compañera en décimo grado y también egresó de tu misma universidad. ¡Hasta compartieron materias!

Vaya, me vengo enterando. ¿Y tú cómo sabes todo eso?

¿Te estás escuchando? Dejas que el orgullo te cegue y no te fijas en nadie más que en ti mismo.

Ahora te estoy viendo a ti.

Tienes que hacer algo al respecto. Ismael y yo nos comprometimos hace poco, tras confirmar que entre tú y yo no hay nada. Si tu abuelo hace esa falsa declaración, las cosas se van a complicar muchísimo antes de que podamos aclararlo.

¿En qué momento te comprometiste? ¿Tan bueno resultó ser el árabe ese?

¿Cómo que qué? ¡Tú nos presentaste! ¿Y ahora resulta que te parece un mal tipo?

Yo nunca los presenté. Solo era un socio comercial que conociste en aquel lanzamiento hace unos meses. ¿Cómo pueden estar comprometidos tan pronto?

Mira quién habla. Ni siquiera puedes conseguirte una novia. Deberías salir con Miranda, te la recomiendo.

¿Para salvar tu relación?

Le gustas. Solo dale una oportunidad. Ha estado enamorada de ti desde la secundaria, ¡era evidente! En aquel entonces hasta me odiaba a mí.

Le gusto a muchísimas mujeres, ya perdí la cuenta. Ella es solo una más del montón.

¡Oye! Tienes que casarte ya. Cuando yo me case, te vas a morir de aburrimiento a solas. No puedes quedarte sin pareja para siempre.

Acepto, así no me aburro.

¡Vaya! ¡Por fin sentaste cabeza!

Sí... ya va siendo hora de que nos casemos. Mi abuelo te menciona todo el tiempo. ¿Aceptas?

¿Te volviste loco? ¡Me voy a ir directo a casarme con Ismael ahora mismo!

Ness, me conoces mejor que nadie. Hice una promesa...

Lach, ya supera a Thalia. A ella le va de maravilla en New York y ni se acuerda de nosotros.

¿Pero qué quieres que haga?

Solo cásate. Corren rumores de que le van a traspasar el mando de la empresa a tu primo porque él sí está casado y es responsable.

Primo adoptivo.

¿Acaso importa? Si él se queda con el grupo, ¡todo habrá terminado! ¡A nadie le importa quién es legítimo y quién adoptado!

A mí no me importa.

Lo sé. Pero sería un desperdicio que todo termine en manos de ese advenedizo. Cásate de una vez, Lach. Thalia no va a regresar, nunca nos va a recordar y jamás lo hará. Ella también era mi amiga.

¿Era?

Por como están las cosas, así es. Déjala ir de una vez y cásate.

¿Con Miranda?

No tiene que ser con Miranda. Solo cásate con quien sea para asegurarte el respaldo de tu abuelo.

—Señor, la dama ha despertado —anunció James acercándose.

—La dama...

Lach, ¿sigues ahí?

Sí. La chica acaba de despertar.

¿Qué chica? ¡Lach!

Él quiere que me case; solo necesito buscar a alguien. Ya la encontré.

¿A quién? ¿Qué estás tramando?

A la mujer con la que me voy a casar.

Con esas palabras, cortó la llamada.

Una sonrisa astuta se dibujó en su rostro mientras le devolvía el teléfono a James.

—Lévame con ella.

—Por aquí, señor.

Al entrar a la habitación, la belleza de la joven lo dejó cautivado; a primera vista, le recordó a Thalia, su primer amor.

Sus tiernos ojos de cachorrito, su rostro dulce de bebé... Tuvo que volver en sí al percatarse de que la estaba contemplando con fascinación, algo del todo inusual en él.

Había tratado con incontables mujeres, y resultaba insólito que terminara atraído por alguien en una situación así.

Pero en fin... Ahora que había despertado, él le había salvado la vida, así que contaba con esa baza a su favor. Al menos le serviría para escapar del yugo de su abuelo y sacar de su camino al impostor de su primo.

Eleanor analizó el entorno apenas abrió los ojos. Lo último que recordaba era haberse lanzado al mar y cómo, en medio de la angustia por salvarse, sus ganas de vivir habían resurgido.

Mientras estaba bajo el agua, un destello del pasado cruzó por su mente: un recuerdo en el que, de alguna manera, también caía al océano, pero al final... Quizá solo estaba alucinando.

Esa visión o espejismo avivó aún más sus fuerzas para luchar por su vida.

Comprendió que morir de esa forma equivalía a dejarle el camino libre a Stefan y a Clara; a ellos les encantaría librarse de ella para disfrutar sin culpas.

Si la vida le concedía una segunda oportunidad, estaba decidida a salir adelante. Si otras personas en su misma situación habían logrado salir a flote, ella también podría.

Observó la habitación preguntándose si se encontraría en el más allá, pues un lugar tan lujoso solo podía pertenecer a otra dimensión.

Apenas intentaba ordenar sus ideas cuando escuchó unos pasos que se aproximaban.

En cuanto sus miradas se cruzaron, ella inclinó la cabeza para evitar el contacto visual con aquel hombre imponente que acababa de entrar. Él la observaba fijamente, con una expresión insondable.

Su atractivo era irreal, sobrehumano. Aquello pareció confirmárselo todo: estaba en el más allá y él era un ángel o el mismísimo ángel de la muerte.

—Te salvé la vida, así que ahora me perteneces —sentenció él, y ella levantó la vista.

Estaba viva, él la había rescatado. Sin embargo, al cruzarse con sus ojos, apartó la mirada de inmediato. Tenía una presencia intimidante y perturbadora. Qué equivocada estaba al pensar que era un ángel; su aura imponía demasiado.

—Si quieres recuperar tu libertad, serás mi esposa durante un año —soltó sin rodeos.

Ella abrió los ojos de par en par por el impacto y esta vez tuvo el valor de mirarlo de frente. Al leer su rostro, comprendió que no estaba bromeando en absoluto.

—Si protestas, te devuelvo al océano. Habla ahora que seguimos a bordo —amenazó con voz firme y un tono imperioso.

¿En verdad sería capaz de arrojarla al agua?

Aunque había intentado quitarse la vida, tras sobrevivir había recuperado el deseo de vivir.

—Yo... —balbuceó.

—¡A la cuenta de tres! Uno, dos, tres —dijo él acelerando el conteo.

A ella se le dio un vuelco el corazón. Ni siquiera le dio margen para responder; ni un segundo duró su conteo y aun así comenzó a acortar la distancia. ¿De verdad iba a cumplir su amenaza?

—Espere... —alcanzó a articular llena de pánico, con las manos temblorosas y la respiración agitada. «¿De verdad me va a arrojar fuera del barco?».

Un escalofrío la recorrió al verlo acercarse. Intentó ponerse de pie para huir a donde fuera, aunque no había escapatoria posible en medio del océano. Sin embargo, por puro instinto buscó levantarse y estuvo a punto de colapsar en el intento, pero él la sujetó al vuelo con rapidez.

«¿Volvió a salvarme? ¿O es que de verdad me va a tirar al mar?», pensó aterrorizada, clavando la mirada en él.

—Te concedo el privilegio de ser Mrs. Kensington por un año —le murmuró al oído, provocándole un escalofrío, aunque sus ojos se desorbitaron al procesar las últimas palabras.

¿Qué... Kensington? ¡No podía ser otro que el afamado, arrogante y multimillonario heredero de uno de los conglomerados más antiguos del país, Lachlan Kensington!

—¡Lachlan Kensington! —exclamó ella, y una sonrisa calculadora se dibujó en los labios de él.

No mentía cuando la amenazó con tirarla por la borda... Ese era su verdadero carácter. Ella había oído lo suficiente sobre él como para detestarlo con todas sus fuerzas.

—No puedo... No puedo hacer esto... —alcanzó a musitar, al borde del llanto.

CONTINUARÁ...

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP