—¿A la cama?—musito Alexander sin comprender en su totalidad que había ocurrido.
El millonario de cabello dorado lanzó una mirada furtiva hacia Andrew, quien simplemente apretó los labios y lo evitó. Esto solo llenó de más dudas y desconciertos al hombre de mirada verde.
—Si, para tener sexo—dijo con brusquedad Selena, funciendo el ceño mientras cruzaba los brazos sobre su pecho.
Alexander separó ligeramente los labios, mientras el asombro y la duda se apoderaban de él. Irina, sentada un par de