Mundo ficciónIniciar sesión⋆. 𐙚˚࿔ ᥫ᭡ Maddison ʚଓ 𝜗𝜚˚⋆
Estoy terminando de empacar y suena el timbre, debe ser Xavi.
Él es mi mano derecha en la boutique. Yo diseño los vestidos y él se asegura de que queden perfectos. A veces me ayuda con los bordados y, sobre todo, es un especialista en lograr que las clientas se sientan cómodas y digan “sí” al vestido de sus sueños.
—No puedo creer que por fin te vayas a ir de vacaciones —vocifera, apenas abro la puerta.
—No son precisamente vacaciones, solo quiero ver a Giana y a Devont —explico—. Además de que quiero aprovechar para invitarlos personalmente a la celebración de mis padres.
Giana, Devont y yo nos graduamos juntos de la universidad, pero poco después ellos se mudaron a Las Vegas en busca de nuevas oportunidades, mientras yo me quedé aquí en Nueva York. Devont es diseñador gráfico, Giana se dedica al diseño de interiores y yo me especialicé en el diseño de vestidos de novia. Éramos inseparables, siento que él se fue siguiéndola, pero al final no tuvieron nada.
Nos visitamos algunas veces y hablamos de vez en cuando, aunque ya ha pasado bastante tiempo desde la última vez que los vi. Esta semana decidí viajar porque Devont mencionó que ha notado a Giana distante y quiero asegurarme de que esté bien, nunca fue muy unida a su familia y me preocupa pensar que le esté pasando algo.
—No importa, ya con que salgas de la ciudad, dejes de pensar en trabajo, es suficiente —insiste Xavi—. Tienes meses trabajando sin descanso en la boutique.
—Tenía pedidos importantes.
—Lo sé, Maddie, pero también debes pensar en ti —me recrimina con suavidad—. Todo el mundo se casa y tú sigues solo creando vestidos.
—Hablando de eso, ¿el vestido de mi madre está listo?
—Faltan algunos detalles pero, estará listo en breve.
—No olvides que al regreso de mi viaje es su fiesta de aniversario.
—Lo sé, Maddie, recuerda que dejamos todo terminado, puedes viajar sin problemas.
—Bueno, ya estoy lista, ¿me llevarás al aeropuerto?
—Por supuesto —afirma—. Por cierto, traje uno de tus vestidos, alza el paquete que lleva en la mano.
—¿Para qué? —frunzo el ceño.
—Por si acaso. Si tienen alguna reunión importante, debes ir presentable —lo coloca sobre la maleta—. Te traje el color vino; ese te queda divino y favorece el tono de tu piel, ha sido una de tus mejores creaciones.
—No es necesario, Xavi. Solo estaré allá una semana.
—Por eso mismo. Es mejor prevenir, si no lo usas no pasa nada y si lo usas, me lo agradeces después —me guiña un ojo.
Xavi tiene un poco más de cincuenta años y una elegancia innata; su porte impecable y esos trajes de colores vibrantes, siempre acompañados de lentes perfectamente combinados, le dan un estilo inconfundible.
—Está bien, me lo llevaré —digo al fin, guardando el vestido en la maleta con cuidado.
—Esperemos que Giana valore tu viaje y puedan disfrutar las dos.
—No entiendo por qué no te cae bien.
—Perdóname, Maddie, pero esa chica te tiene envidia —responde con ese tono suave que usa cuando sabe que no me gustará lo que dirá—. Aunque tú no quieras aceptarlo, ambas tenían las mismas posibilidades y ahora tú has prosperado, en cambio…
—No sigas, Xavi —lo reprendo.
—Está bien —simula cerrar un zipper sobre sus labios.
—Solo pienso que no ha encontrado una buena oportunidad de trabajo —la justifico.
—Puede ser, pero mira Devont, se fue también a Las Vegas y le ha ido bien, además es un chico muy centrado, guapo y caballeroso… siento que sería una pareja perfecta para ti.
—Solo somos amigos —aclaro.
—Es una pena, porque de todos los chicos con los que has salido, ninguno me caía bien. A mí me hubiera encantado que Devont fuera uno de ellos; por él sí apostaría, me cae de maravilla —pone una cara graciosa—. Bueno… a excepción de aquel que ahora es sacerdote.
Xavi se refiere a Rowan. Fuimos novios en la preparatoria y teníamos una relación muy linda. Él siempre fue respetuoso, amable y profundamente creyente. Por eso, cuando nos graduamos, decidió seguir su vocación y entró al seminario. Me dolió, claro, pero lo apoyé porque sabía que era lo mejor para él. Ahora somos grandes amigos y es mi confidente.
—¿Crees que es feliz? —frunce el ceño.
—Claro.
—Es tan atractivo que siento que tiene tantas personas en su iglesia por esa razón —deduce pensativo—. Todas quieren arrodillarse frente a él y no precisamente para rezar.
—¡Xavi! Es hora de irnos —declaro—. Sabes que no me agradan tus comentarios cuando hablamos de Rowan.
—Es que a veces no entiendo porque toman ese camino si tienen la oportunidad de ser felices de otra manera.
—Porque ese camino es el que le da su felicidad.
—Puede ser, ¿te confirmó si oficiará la misa de tus padres?
—Sí, hablamos hace unos días.
—Bien, ¿llamaste a tus padres?
—Por supuesto, ya están al tanto de mi itinerario de viaje, mi padre dijo que no me llamarían, para no molestarme, pero que les envíe mensajes para saber que estoy bien.
—Perfecto, opino igual. Mi único consejo es que disfrutes tus vacaciones, te relajes y, si se presenta la oportunidad, conozcas a uno de esos hombres guapos, musculosos y espectaculares que te hagan olvidar el estrés de la mejor manera posible, de preferencia con una noche apasionada y llena de orgasmos —sonríe con malicia—. Te juro que volverías llena de ideas para nuevos vestidos.
—Claro, Xavi, seguiré tu consejo —ruedo los ojos—. Me acostaré con el primer hombre que conozca con las características que me diste.
—Presiento que en este viaje vas a regresar renovada —dice con esa seguridad suya que siempre me divierte.
—Ya veremos.
—Alócate, recuerda que lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas.
—Ajá —me río.
El aire fresco me golpea al salir del apartamento. Xavi abre el maletero y acomoda mi equipaje. El camino al aeropuerto se siente más corto de lo normal; quizá por los nervios que me dan siempre que salgo de viaje.
Mientras avanzamos por la autopista, miro por la ventana y dejo que la ciudad pase como un borrón. No sé si regresaré renovada, como dice Xavi, pero algo dentro de mí presiente que en este viaje pueden pasar muchas cosas.
El aeropuerto está más lleno de lo que esperaba. Gente entrando y saliendo, maletas rodando, voces mezcladas en un murmullo constante. Respiro hondo; siempre me pasa lo mismo antes de un viaje, esos nervios extraños entre libertad y vértigo.
—¿Lista? —interroga, al bajarnos del coche.
—Sí o eso creo.
Me ayuda a bajar la maleta y se detiene frente a la puerta.
—Mándame fotos —pide—. De los paisajes… y bueno… de los hombres también, si están en ropa interior será mucho mejor.
—¡Adiós, Xavi! —le respondo riendo.
—Que tengas un buen viaje —dice al fin.
—Gracias.
Entro al aeropuerto y el aire acondicionado me recibe con un golpe frío. Camino hacia el mostrador de la aerolínea, reviso mi documentación por tercera vez y me formo para el check-in. La fila avanza lento, pero no me molesta; me da tiempo de observar, de dejar que mi mente se acomode a la idea de que, por unos días, podré dejar el estrés.
Cuando por fin entrego mi maleta, siento un pequeño alivio. Ya no hay vuelta atrás.
Camino hacia seguridad y mi teléfono vibra. Un mensaje de Xavi:
Xavi: No olvides: paisajes, comida… y hombres guapos, de preferencia en ropa interior. Disfruta.
Maddison: Me gustaría saber qué opina Robb.
Xavi: El estar a dieta no impide ver el menú.
No puedo evitar sonreír; Xavi es el hombre que alegra mis días con sus ocurrencias.
—No puedo creer que voy a conocer al famoso piloto Jarrett —murmura una chica frente a mí, casi temblando de emoción.
—Es tan guapo —exagera su acompañante, llevándose una mano al pecho simulando falta de aire.
—No entiendo por qué sigue soltero, estoy segura que mañana ganará la carrera.
Las tres palabras me llaman la atención más de lo que deberían. Famoso piloto, Jarrett. No sé quién es, pero el nombre se me queda dando vueltas en la cabeza.
La fila avanza y las chicas siguen hablando, cada vez más emocionadas.
—Dicen que es súper amable. Y que tiene una sonrisa que te derrite, sin contar esos preciosos ojos azules.
—Además todo el mundo coincide en que huele delicioso —añade la otra, como si eso fuera información clasificada.
Me muerdo la sonrisa. No sé si reírme o rodar los ojos.
Paso seguridad y me dirijo a la puerta de embarque. Cuando anuncian el abordaje, me levanto y sigo las instrucciones. El asistente revisa mi pase y me indica el camino.
El interior del avión es amplio y silencioso. Encuentro mi asiento en primera clase; Xavi hizo la reservación, igual que la del hotel, uno de los mejores en Las Vegas. Dijo que me merecía disfrutar, y tiene razón: casi nunca lo hago.
Guardo mi bolso, me acomodo en mi lugar y respiro hondo. La sobrecargo me entrega una manta suave, una almohada y, por supuesto, una bolsa con artículos personales. Todo está pensado para que el viaje sea cómodo.
Me recargo y miro por la ventana mientras los demás pasajeros suben.
Por primera vez en días, siento que puedo relajarme, he tenido mucho trabajo, entre la preparación de la fiesta de aniversario de mis padres, estarán cumpliendo treinta años de casados y entre las clientas que viajan de otras ciudades especialmente para comprar mis diseños, últimamente hemos estado muy ocupados.
Cuando me gradué mis padres me ayudaron a empezar la boutique, jamás me imaginé que crecería tanto, ambos son profesores y utilizaron sus ahorros para cumplir mi sueño, ahora he intentado retribuir todo lo que han hecho por mí, pero es difícil que lo acepten, por eso les planee una gran recepción para su aniversario.
El avión comienza a moverse y cierro los ojos un momento. Aprovecho para comer algo y pongo una película; el tiempo transcurre rápido, casi sin darme cuenta.
El aterrizaje es suave y, cuando el avión se detiene por completo, siento ese pequeño alivio de haber llegado. Tomo mi bolso, bajo con calma y dejo que la corriente de pasajeros me lleve hasta la salida. Recojo mi equipaje y me dirijo hacia las puertas principales.
El calor seco de Las Vegas me golpea apenas cruzo al exterior. Me coloco mis gafas de sol y busco entre la gente… hasta que lo veo.
Devont está apoyado en una de las columnas, con una sonrisa enorme y los brazos abiertos. Es un chico muy atractivo: cabello rubio, rizado y rebelde, casi como el mío, ojos verdes, buen cuerpo y una personalidad llamativa. Tiene veintinueve, un año más que yo, siempre fue muy solicitado por las chicas, pero presiento que él tiene o tenía un interés genuino por Giana y eso no le ha permitido tener una relación estable.
—¡Maddie! —exclama, caminando hacia mí.
—Devont —sonrío.
Me envuelve en un abrazo cálido, de esos que solo él sabe dar.
—Déjame ver —dice separándose un poco—. Sí, definitivamente necesitabas vacaciones. Tienes cara de “sáquenme de mi vida por unos días”.
—Muy gracioso —ruedo los ojos, aunque me río igual.
—Esa carita está más pálida de lo normal —me deja un enorme beso en la mejilla—. ¿En algún momento te da el sol?
—Eres un bobo.
Toma mi maleta y me hace una seña para seguirlo.
—Vamos.
Avanzamos al estacionamiento y un sedán negro nos espera. Devont abre la puerta del copiloto para mí con un gesto exageradamente caballeroso.
—Su carruaje, señorita —vocifera con tono dramático.
—Eres un tonto —pero me subo, sonriendo.
Cuando el coche arranca, miro por la ventana las luces, los anuncios y el movimiento constante de la ciudad. Todo vibra, todo brilla. Llegué algo tarde y, por supuesto, apenas está empezando la vida en esta ciudad que nunca descansa.
—¿Qué tal el viaje? —pregunta.
—Tranquilo.
—¿Dejaste todo en orden?
—Sí, logré entregar todos los pedidos pendientes y todo para el aniversalio listos, ¿podrás ir?
—Haré mi mejor intento.
—Más te vale —lo señalo.
—Me alegra mucho que te dieras tiempo para venir, realmente estoy preocupado por Giana.
—¿Lograste hablar con ella?
—No. Fui a buscarla a su apartamento, pero no la encontré y no responde llamadas, ni mensajes. Hace unos meses me dijo que está trabajando en una agencia muy importante y debe ser cierto: ahora vive en un lugar muy exclusivo.
—Me alegra, es bueno que le esté yendo bien.
—Sí, a mí también me alegra. Es lo que siempre ha deseado —suspira—. Tener dinero.
—¿Por qué siento que hay más gente de lo normal? —pregunto, mirando por la ventana.
—Están las carreras de F1. Ya sabes, viene muchísima gente.
—Cierto… unas chicas estaban hablando de uno de los pilotos.
—¿De cuál?
—Jarrett, no sé qué.
—Dicen que ese tipo es un presumido y prepotente —pone mala cara.
—Ellas decían todo lo contrario. Yo diría que estaban muy ilusionadas por verlo.
—No tengo idea. Solo espero que no se desanimen al conocerlo, a mi me parece demasiado petulante.
—Ojalá no se vayan desilusionadas.
Devont cambia de tema con la misma facilidad de siempre.
—En fin… tengo planes para mañana, no te vayas a comprometer.
—Déjame reviso mi agenda —bromeo, haciéndolo reír.
Llegamos al hotel. Hago mi registro y la recepcionista me entrega la tarjeta.
—¿Te parece si vamos a cenar? —propone Devont.
—Sí, dejo mi maleta, me refresco un poco y nos vamos.
—Perfecto, te espero.







