Caleb.
Estaba muy nervioso, por primera vez el sudor en mis axilas se hizo presente, a pesar de que había aire acondicionado en el lugar.
La cara sorprendida de Laia me dejaba impaciente porque estaba tardando mucho en darme una respuesta. No podía creer que fui capaz de hacerle esa propuesta.
¿Estaba arrepentida?
—¡Claro que acepto! —chilló, tapando su boca—. Me encantaría ser tu esposa, Caleb.
Su respuesta fue suficiente para mí. Un sentimiento de alivio me invadió y guardé el anillo en mi bo