33. Batalla en la Fábrica Untzué 🏭.
La bala penetró su piel como un hierro candente, arrancándole el aliento. El dolor fue agudo, paralizante. Gwen cayó de rodillas, su mano buscando desesperadamente apoyo en una pared oxidada para no desplomarse. El frío y la humedad del metal se mezclaron con la punzada en su costado, anclándola al momento. Su visión se nubló brevemente mientras el sudor le caía por la frente en gotas tibias.
Desde su lugar, Teo observaba. Atravesando el polvo y los escombros, su figura se inclinó hacia adelant