Stefan
A la mañana siguiente de esa cena con la abuela de Lizzie, todavía me pregunto por qué demonios tuve que decirle a la señora que la haría feliz.
Incluso aunque sea una mentira, eso fue demasiado cruel, hasta para mí. La señora es agradable, no sé cómo me va a dar la cara cuando tengamos que decirle que se acabó.
Intento no pensar en eso, me concentro mejor en el papeleo que tengo pendiente de la empresa. Uno de mis clientes más importantes está amenazando con irse porque una de nuestras