Nelson prosiguió con su trabajo y cada vez le agradaba más la idea de contraer matrimonio con ella. Debería consultarlo con sus padres y, por supuesto, con Andrés. Ahora que él había entrado en la vida de su mujer, no podía abandonarla. Andrés está contemplando la forma de llevar a su hija a su hogar.
—¡Halo!
—Buenos días, Lucrecia, necesito un favor tuyo.
—Dime, que deseas.
— Me voy a Inglaterra con mi hija, no sé qué diablos le hizo tu hijo a la mía, que rápidamente decidió venirse conmigo