Annie se mantuvo firme, esperando a que la puerta se abriera. Pero él no lo hizo.
Thomas pasó de largo rumbo hacia su habitación. Tenía que ducharse y arreglarse para su boda.
La puerta se abrió segundos después y la empleada volvió a aparecer frente a ella. La expresión de asombro fue inmediata.
—Se ve muy bonita, señorita.
—Gracias —respondió con algo de vergüenza e incredulidad.
—En unos minutos llegará el juez. El señor Miller le manda a decir que no tarde en bajar.
—Así lo haré