Luego de que Maximiliano viera a Renato irse, caminó hasta la oficina donde Marisa se encontraba, sentada en ese sofá cama, que justo en ese momento era solo sofá, platicando con Mía en la conversación más disparatada de la vida, pues la niña decía muchas cosas incomprensibles y Marisa le respondía y preguntaba como si de verdad le entendiera lo que decía.
—¿Cómo es que no te duele la cabeza de escucharla todo el tiempo? —preguntó el hombre, sentándose al lado de esa joven que sostenía a la niñ