68 - Está ganando.
AMELIE.
La puerta se abre, y una madre, con fingida preocupación, se adentra en el lugar. La observo seriamente, mientras ella toma mi mano, e intenta acariciar mi mejilla.
Toma asiento en el sillón al lado de mi cama, y deja un beso en mi mano, mientras lo acaricia, y hace presión. Veo como sus ojos sueltan lágrimas, que antes, creería que eran sinceras.
—El beso de Judas —mascullo, mientras aparto mi mano de su calor.
—¿Qué? —inquiere confundida.
—No debes actuar en frente de mí, madre. Y