CAPÍTULO 284
Había varias columnas de hierro. Detrás de una de ellas se adivinaba una figura sentada en el suelo.
Mateo corrió hacia allí.
— ¡Samanta! —gritó, su voz rompiéndose.
Y allí estaba ella.
Samanta estaba sentada en el suelo frío. Junto a un policía que intentaba brindarle ayuda. Tenía l