Capítulo 370
CAPÍTULO 284

Había varias columnas de hierro. Detrás de una de ellas se adivinaba una figura sentada en el suelo.

Mateo corrió hacia allí.

— ¡Samanta! —gritó, su voz rompiéndose.

Y allí estaba ella.

Samanta estaba sentada en el suelo frío. Junto a un policía que intentaba brindarle ayuda. Tenía l
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