POV de NINA
Estar sentada en el porche de la villa de Jose, con la cabeza apoyada en el hombro de Theo y Mateo medio dormido en mi regazo tras una intensa jornada de juegos, era una estampa que, de habérmela contado unos años atrás, habría calificado de imposible. Las personas no cambian de la noche a la mañana; se necesita algo más que la simple voluntad para demoler las estructuras del orgullo y levantar, sobre esos cimientos calcinados, un espacio donde la concordia sea posible. Y sin embarg