POV de José
Las agujas del reloj de pared marcaban las diez de la noche. La casa estaba sumida en un silencio absoluto; Mateo se había quedado dormido en su habitación hacía dos horas, bajo la estricta vigilancia de Carlos en el pasillo exterior.
Estaba sentado al borde de una cama cubierta con sábanas de seda blanca, con el torso desnudo. Cada vez que mi pulmón derecho intentaba llenarse de aire, una punzada acompañada de una intensa sensación de ardor se extendía hasta mi omóplato. La fiebre