Me alejo de mi nana y le digo que puede ir corriendo donde mi madre, mientras que yo tengo que ir a la bendita camioneta, ya que me he acordado que he dejado mi bolso, ¡no lo puedo dejar perder!
Con palabras sutiles le comento que mi bolso ha quedado en el auto del hombre que ha estado frecuentando esta casa, “Leo”. Ella abre los ojos y me debo imaginar que piensa lo peor y por ello me adelanto diciendo que no debería pensar cosas feas de su niña; una cosa es que sea cierta y otra demasiado dif