Saliendo del tocador me voy topando con la mirada de Leo, intento mantener mi mirada firme, pero la sensibilidad que siento hace que baje la mirada, muerdo mi labio inferior para no soltarme a llorar delante de él.
—Hmmm… Parece que tengo dolor de cabeza, diles a mis padres que estoy indispuesta —mis palabras salen en un hilo de voz.
—No, no te irás a la cama o encerrarte en cualquier lugar que tenga puerta —protesta, y en un ágil movimiento estoy en sus brazos—. Eres mi mujer Pao, entiende de