—Yo, he llegado.
El dios vino por ella. Yo, había llegado.
Esas palabras resonaron en concordancia con lo que había dicho anteriormente en el escenario. Él había venido precisamente por ella.
Yaritza apretó los labios, esforzándose por mantener su actuación, tratando de aparentar que no tenía expresión alguna en el rostro, afirmando levemente en respuesta con cortesía.
Pero en el momento justo, en que levantó la cabeza, cayó en sus ojos, sin poder escapar...
Sus mejillas se tornaron rojas. Él l