El padre de mi mejor amiga

Punto de vista de Valeria:

—¿Hija? —susurré. La palabra me supo amarga en la boca.

Sonrió, mostrando sus dientes blancos y perfectos. Nunca lo había visto sonreír así de amplio. Arrancó el coche, y el ruido del motor casi ahogó el sonido de mi corazón rompiéndose en pedazos.

—Te va a encantar cuando la conozcas —dijo.

Yo no estaba lista para eso. No iba a convertirme en madrastra con veinte años.

Intenté imaginarme la cara de esa niña. ¿Me llamaría mamá? ¿Me rechazaría?

*"Para, Valeria. No vas a ser madrastra de nadie"* me regañé a mí misma.

Entró al aparcamiento de la residencia y paró el coche.

—¿Te acompaño? —preguntó, con el ceño ligeramente fruncido.

—No hace falta —fingí una sonrisa. No podía explicarle a Camila quién era él.

—Como quieras —murmuró. Una sonrisa peligrosa descansaba en su cara perfecta.

Entré en la residencia. Cuando giré el pomo de la puerta, un frasco de perfume casi me da en la cara. Gracias a mis reflejos lo esquivé.

—¡Eres una idiota! —gritó Camila.

—¡Lo siento! —me reí.

—Ese olor… ¿te has acostado con alguien? —arqueó una ceja. Aparté la mirada rápidamente.

—No soy ninguna cualquiera —resoplé. Ella chasqueó los labios.

—¿Quién es? ¿Es alto? ¿Está bueno? —me arrebató el móvil para buscar su número, pero se lo quité antes de que pudiera encontrar nada.

—No es asunto tuyo —me levanté a ducharme.

¿Cómo le explico a Camila que ese hombre tiene una hija? ¿Que me convertiría en madrastra de alguien?

—Oye, me voy a casa este fin de semana. El sábado es el cumpleaños de mi mamá —gritó Camila desde la habitación.

Sus padres se divorciaron cuando ella tenía cinco años y lleva toda la vida intentando reunirlos.

*****************

Punto de vista de Mateo:

Conduje de vuelta a la empresa con los pensamientos de Valeria apagándome el juicio.

—Hmmm… más profundo. Más fuerte… me agarró jalándome hacia ella.

—Ahhh —gemí. Cerré los ojos y respiré hondo.

Aparqué en el estacionamiento de la empresa y me quedé dentro del coche unos minutos, intentando calmarme.

Salí del coche y me topé con la última persona que quería ver. La mujer que casi arruinó mi vida.

—He vuelto a Italia —sonrió. Esa sonrisa que me engañó. Esa sonrisa que me destrozó la vida años atrás. Peligrosa. Falsa.

—Arréglate la vida —apreté el puño mientras las palabras me salían solas.

—He venido a ver a mi hija —se acercó, pero yo retrocedí.

—Ni se te ocurra pensar en ella. En esa hija que abandonaste. No mereces que te llamen madre —grité. El cuerpo me temblaba.

Nuestra hija siempre quiso a su madre. Quería una familia como cualquier otra niña, pero ella lo destruyó todo.

—¿Por qué? Es mi hija y no vas a impedirme verla —gritó Lucía. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Dios sabe cuánto quería abrazarla.

Suspiré.

—Vete. Vuelve a los Estados Unidos. Nuestra hija estará bien sin ti —dije con calma. Era la única manera de hablar con Lucía. No la quiero cerca de mi hija.

Se acercó y me rodeó con los brazos.

—Te he echado de menos. Deja de apartarme —dejó que las lágrimas cayeran libremente.

Me abrazó más fuerte. Cerré los ojos y respiré su perfume.

—¿Qué quieres? —pregunté en voz baja. Todavía no sabía controlarme cuando estaba cerca de ella. Todavía me hacía sentir vulnerable.

La acerqué y le sequé las lágrimas. Nunca he podido verla llorar.

***************

Punto de vista de Valeria:

Me giré sonriendo para que Camila me viera el vestido.

—¿Vas a seducir a mi padre? —arqueó una ceja.

—Claro que no. Los hombres mayores no son lo mío —me burlé. Ella se rió.

Camila llevaba un short negro, un top blanco básico y botas de tacón hasta la rodilla.

Yo llevaba un mini vestido de satén negro con escote drapeado y tirantes finos ajustables, fruncido a los lados y ceñido en la cintura, marcando cada curva.

Mi cabello negro azabache, ondulado y a la altura de los hombros, lo llevaba suelto. Agarré mi clutch.

Cualquiera pensaría que soy hija de algún magnate. Mi mamá es una madre soltera que se parte el lomo cada día.

—¿Segura de que tu crush no va a estar ahí? —preguntó Camila.

—Soy la mejor amiga de la hija de la cumpleañera. Tú sí que exageras —se rió.

—Oye, igual encuentro al amor de mi vida —me reí. Salimos de la residencia. Me encantaba la atención que me daban los chicos al pasar.

—Eres el centro de todas las miradas —me dijo Camila, encantada con el revuelo que causaba.

El conductor de Camila paró en el estacionamiento y nos subimos.

—Estoy muy nerviosa —Camila cerró los ojos. Le tomé las manos. Las tenía sudadas.

Entendía perfectamente lo que estaba sintiendo. Cuánto echaba de menos a su madre. Cuánto quería ver a sus padres juntos otra vez. La abracé mientras le temblaba el cuerpo.

—Te prometo que te voy a ayudar a reunirlos —le susurré al oído. Soltó todo lo que llevaba dentro y lloró.

Era lo único que podía hacer por ella. Camila estuvo a mi lado cuando todos me hacían la vida imposible de pequeña. También se merece ser feliz.

El coche se detuvo frente a una mansión pintada de blanco. Entramos y el conductor avanzó por un camino flanqueado de árboles de vid.

—Qué preciosidad —cerré los ojos, sintiendo el aire fresco entre las ramas.

El conductor paró junto a un jardín lleno de flores.

—Hemos llegado, señorita —se inclinó levemente.

Camila y yo saltamos del coche sonriendo.

—Esto es increíble, no sabía que tu padre tenía tan buen gusto —la estaba elogiando pero me di cuenta de que estaba en otro mundo.

—¿Estás bien? —le pregunté, siguiendo su mirada.

Vi a una mujer poniendo la mesa. Llevaba un vestido amarillo con estampado de flores y el cabello recogido en una coleta.

—Mamá —se le llenaron los ojos de lágrimas y fue corriendo a abrazarla.

Me quedé donde estaba, con un nudo en la garganta. Camila siempre me decía lo guapa que era su madre.

Ahora entendía de dónde venía su belleza. Me acerqué a ellas.

—¿Es tu amiga? —preguntó su madre señalándome.

—Es Valeria, mi mejor amiga —presentó Camila.

—Encantada, señora. Camila me ha hablado maravillas de usted —dije. Ella sonrió. Tenía una sonrisa preciosa.

—¡Papá! —Camila se giró y fue corriendo a abrazar a su padre. Espera…

—¿Qué hace él aquí?

—Papá, esta es mi mejor amiga, la que te he contado —presentó Camila.

Todo encajó de golpe.

Camila Gardino. Mateo Gardino.

¿Cómo no lo vi antes?

Me estoy acostando con el padre de mi mejor amiga.

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