Cuando se apartó, ambos tenían la respiración entorpecida. A duras penas tratando de recuperar el aire que exigían sus pulmones. La mujer se enrojeció hasta la médula y trató a fingir que lo ocurrido no le afectaba en absoluto, pero en su expresión era más que evidente que aquel beso le aturdió mucho.
Que lo que creyó extinto, en realidad seguía quemando.
—Maxwell...
—Aria, aún después de esto, ¿vas a seguir fingiendo que no sientes lo mismo? —inquirió de manera atrevida y ella en lugar de da