En su mente… ya no era una almohada.
Era él.
—Ella no te entiende como yo… —murmuró contra la tela—. No sabe lo que es amarte de verdad… no sabe lo que estoy dispuesta a hacer por ti…
Cerró los ojos con fuerza, respirando hondo, aferrándose a esa fantasía como si fuera real.
—Todo va a arreglarse… —