La despedida.
Al día siguiente, aunque se notaba todavía la presencia del verano, comenzaba a sentirse el frescor que recordaba que pronto llegaría el frío otoño a la ciudad.
En su habitación, Ethan sentía que había pasado la noche más larga y más amarga de su vida. Todavía tenía la puerta cerrada y observaba la ventada donde comenzaban a despuntar las primeras luces del día.
Estaba tirado en la cama, había llorado como un niño, se sentía culpable de permitir que las cosas llegaran tan lejos.
Para Ethan, era