- ¿Cómo sabias…? – No pude terminar mi frase porque el me interrumpió.
- Eres muy predecible – Sonrió burlonamente
- Ya veo
- No me vas a contestar
- Para que si la lo sabes
- Eres el jefe del tártaro ¿No? – Puse mis ojos en blanco porque claramente sabia la respuesta. Cualquier persona con algo de inteligencia se daría cuenta de que era yo el jefe – Te das cuenta de que has echado por la borda tu libertad – Su rostro mostraba una furia que jamás había visto en él.
- Lo sé – Me encogí de hombro