Capítulo 50.

Detuvo sus besos, chocando su frente con la mía, con la respiración agitada, intentando pensar con claridad que era lo que estábamos haciendo, mientras yo me obligaba a mí misma a mantener los ojos cerrados, aterrada que al abrirlos todo aquello no fuese más que un sueño.

  • No te vayas – rogué, haciendo que él apretase mis caderas con las suyas, haciéndome abrir los ojos para mirarme &n
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