Giuliano Rizzo
Ordené el desayuno que de inmediato estuvo pronto y las empleadas lo llevaron en silencio tal como me gusta. Todos me deben obediencia y respeto absoluto, de lo contrario estarían despedidos sin pensar.
Entré al cuarto, dejaron todo sobre la cama y salieron cerrando la puerta sin hacer el mínimo ruido. Vi la puerta de mi cuarto especial abierta en ese momento y me acerqué en silencio esperando ver cada reacción de mi esposa, que pasaba de la confusión al enojo y la sorpresa, todo