Nadia se despertó el sábado por la mañana. Se quedó en la cama veinte minutos más.
No era porque estuviera cansada, sino porque podía, y también porque era su apartamento, su mañana y su vida. No tenía que preocuparse por el horario de nadie más que el suyo.
Preparó café y se sentó junto a la ventana de la cocina, miró al patio y pensó en el día anterior.
La reunión. La sala de juntas. La salida. La fotografía. La mano de Kai en su espalda.
La mano de Kai en su espalda.
Sonrió a su café.
Le env