Scarlett Ashford
El silencio que siguió al grito de Maria Blackwell fue más aterrador que la violencia que lo precedió.
No era el silencio de la paz, sino el silencio de un vacío que succionaba el aire de la habitación. Los caóticos sonidos de la pelea en el pasillo, los golpes sordos, los gruñidos y el desgarro de la tela cesaron al instante. Dentro de la habitación, Preston se quedó paralizado. Su brazo, levantado en alto con el cinturón de cuero envuelto alrededor de su puño, bajó lentamente