Capítulo 28

Punto de Vista de Marimar Oquendo

La habitación estaba tan fría que se me erizaba la piel de los brazos. Las rodillas me ardían por estar tanto tiempo presionadas contra el duro mármol. Los músculos me dolían de tanto abrazarme a mí misma, intentando alejar tanto el frío como los recuerdos. La cabeza me latía con un ritmo sordo después de horas dando vueltas a lo mismo. Hasta los labios me dolían de tanto repetir oraciones desesperadas, rogando por algún tipo de absolución.

Sí, estaba haciendo
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